Título: Impresiones.
Autor: Ramón Jordá Canet
Ramón Jordá Canet (1893–1957), terminada la Guerra Civil (1936-1939), por sus convicciones republicanas, fue represaliado en el año 1940 cuando ejercía de maestro en Cox. Algunos años más tarde, en 1944, es destinado a la escuela del Captivador; durante el tiempo que trabajó en ella, que duró diez meses, tuvo ocasión de escribir un diario en el que narra sus impresiones de una manera subjetiva, sencilla y entrañable desde el 20 de enero –cuando la familia del maestro se acomoda en la casa- hasta su regreso al pueblo de Muro el día 22 de octubre de 1944. En su diario el maestro de siete alumnos y tres parvulillos, nos describe cómo era la vida cotidiana, la suya y la de su propia familia, en un paraje singular de paz y sosiego:<em>[…] La casa destinada, a vivienda y escuela, está enclavada en la zona más céntrica de estos caseríos, cerca de la ermita y de la acequia de riego que, procedente de Polop de la Marina, atraviesa estos campos en dirección a Alfaz del Pi, situado al sureste […] El panorama que nos rodea es pintoresco: el terreno desigual, con pinares sobre las colinas y con campos de olivos, almendros y naranjos y hortalizas en las laderas y hondonadas. Al fondo, hacia oriente, frente a nuestra casa, se divisa una bella faja de mar que forma una pequeña bahía, entre el peñón de Ifach y el cabo de Bombarda, sobre los cuales parpadean los faros desde el anochecer [...]</em> (Cautivador, 20 de enero de 1944). Pero Ramón Jordá Canet no sólo relata el paisaje, las vacaciones, los domingos en la Nucia, las excursiones a la playa del Albir, el viaje a Altea, los festivales escolares, la fiesta de Sant Vicent, el mes de María, la cosecha de trigo, el perro Pirulí…, también retrata al paisanaje: Ricardo Taca, el <em>Ti Catxoles</em>, Pepe <em>el Manco</em>, Pepe <em>Raconet</em>, Pepa de Jaime…, e incluso describe cómo Pepa Rosa,<em> saltando entre peñascos derrumbados, arrancaba mariscos, inclinada bajo su ancho sombrero de paja, y arremangada sobre las rodillas […]</em> (Cautivador, 2 de agosto de 1944). Y, por último, cómo fue la emotiva despedida del maestro en palabras del abuelo Pepe la Maiora, que <em>con los ojos humedecidos, ya en el umbral de la casa, me dijo: - Déjeme que le mire bien, porque nunca más podré volver a verle.</em> (Muro, 22 de octubre de 1944).
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